Menu

Adentrados

Ayer me reencontré con dos amigas poetas, la Generación del 2010, que siguió a la del 98 y a la del 27. Desde casi el principio supimos quienes éramos a través de nuestros textos, de la poesía. Partimos de la esencia y, poco a poco, eso que sabíamos se ha ido completando con información en prosa, la de todos los días, la de la infancia, la de los padres, amantes o hijos, siempre envuelto en un halo* de risa y reflexiones certeras.

No deja de ser curioso cómo en función del momento y lugar en el que conocemos a alguien lo hacemos desde un prisma distinto. No importa demasiado conocernos en orden cronológico, empezando desde el principio, sino empezar por un flanco y, poco a poco, ir adentrándonos en la persona que hay ahí dentro.

Es una suerte que esto suceda a lo largo de la vida, dejar puertas abiertas en la maleza para que, de vez en cuando, pueda ir entrando alguien nuevo con el que explorarnos mutuamente, llegando a conocernos también de maneras nuevas. Amigos de parque, de formación, de familia, de trabajo, amigos de amigos, amistades que surgen cuando menos te lo esperas y que son un regalo, pero no hace falta que lo envuelva.

*Lo he buscado para asegurarme de que era la palabra que necesitaba, según la RAE: Meteoro luminoso consistente en un cerco de colores pálidos que suele aparecer alrededor de los discos del Sol y de la Luna.

No hay comentarios

Deja un comentario

Aquí hemos venido a hablar de palabras. ¡Hazte verbo!
Tu dirección de e-mail no será pública.