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Excusas Posts

Hola, buenos días

Antes escribía por las noches, cansada, sin filtros, casi dormida. Era para mí un estado perfecto para la escritura. Ahora, me quedo dormida alrededor de las diez de la noche con una niña en brazos, así que tengo que cambiar la estrategia.

Escribir nada más levantarme era algo que hice durante un tiempo, tras mi primera maternidad (con el primer niño de mi historia durmiendo en brazos), pero me gusta menos, tengo mucho menos material sedimentado. A no ser que lo haga después de caminar un rato, por ejemplo (esto me funcionó cuando volví al trabajo tras aquel paréntesis de madre). Cuando camino (mirando a mi alrededor) mi cerebro se nutre de imágenes, de estímulos que desencadenen reflexiones, asociaciones, metáforas, se ancla en el mundo exterior para despertar al interior.

De todos modos, más allá del momento en que lo hiciera, cuando escribía de noche, lo más importante para el éxito del propósito, fue hacerlo, implacablemente todos los días (vale, casi todos los días).

[Nota 1: cuando una frase tenga un siempre, un nunca, un todo, un nada, un nadie, un todos… o es mentira o le falta un casi, como a esta frase
Nota 2: al releer me doy cuenta de que implacable es una palabra que admiro a la vez que detesto]

Así que lo bueno del concepto “todos los días” (y no los pares o los martes) es poder empezar una y otra vez cada 24 horas. Poder escribir tantas veces como sea necesario e independientemente de lo que pasó ayer que “hola, buenos días, retomo el hábito”, que no hace al monje pero cumple su función.

Y quien habla de escribir, habla de leer, de meditar, bailar… de hacer cualquier cosa que te apetezca hacer todos los días (o casi). Que no lo hayas conseguido una vez no implica que no vayas a conseguirlo la siguiente. Que no hayas venido hoy a esta cita no implica que mañana no empiece un nuevo día y puedas darle el contenido que quieras, la forma que te haga irte a la cama más a gusto (como quien ahueca una almohada), con ganas de repetir mañana y, si no, pasado mañana.

Es lo que tiene escribir recién levantado, que te vas un poco a la autoayuda. Y le llaman así porque el que más necesita esos consejos es el que escribe. Así que, adelante la que firma.

Otro de los requisitos para escribir todos los días fue aceptar que no todos los textos iban a ser buenos, excelentes, algo de lo que sentirme orgullosa a lo largo del tiempo, pero cuanto menos iban a existir y favorecer la existencia de otros mejores a base de trabajar la letra. Esos otros podrían ser rescatados en el futuro, editados, mejorados y releídos sin pudor, hasta con cariño.

Así pasó con los seleccionados para el libro de Escribirás todos los días. Y con ese mismo criterio voy a darle el visto bueno a este texto. Este primer texto de “hola, buenos días, retomamos el hábito”, a repetir las veces que haga falta.

Como si fuera ayer…

… y al octavo día, descansó.