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Coger frío

Para escribir todos los días tienes que superar varias trabas. Primero, el temor, muchas veces fundado, a no tener nada que decir. En segundo lugar, asumir el riesgo de hacer el ridículo. Y, por último, algo que es miedo y riesgo a la vez: coger frío. Porque uno nunca sabe qué temperatura hace ahí dentro antes de desnudarse.

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