Menu

Consciencia descalza

Cuesta despegarse de la realidad cuando uno va vestido con ropa de calle. Es más fácil debajo de un edredón que ya empieza a sobrar y sin calcetines. Porque así de calle a uno se le ocurren escenas cotidianas, como la de una paloma metiéndose en una heladería y la de una heladera intentando echarla atrayéndola con una galleta de cucurucho y preguntando cuál es el sonido apropiado para atraer a estos animales hacia la comida o, más bien, hacia una comida en concreto como lo es la galleta de cucurucho, que en este caso indicaba la salida.

Sin embargo, cuando uno se va despojando de las prendas que han estado en contacto con el exterior, va dejando también atrás esa realidad. Esta teoría (número 1) podría explicarlo todo, pero hay otra teoría posible inspirada en esta noticia: «El cerebro cubre la falta de sueño con siestas neuronales» (Público).

[teoría número 2] Cuando llega el momento de quitarse los calcetines, hay zonas del cerebro que ya están durmiendo. Esas zonas del cerebro son como el lastre de un globo aerostático. Cada vez que se suelta uno, el vuelo gana en altura (y profundidad). Y sólo entonces los dedos de los pies cobran consciencia de sí mismos.

[En su honor, y en el de todos los pies del mundo: la foto de la cabecera de hoy, extraída de una colección de fotografías de pies]

No hay comentarios

Deja un comentario

Aquí hemos venido a hablar de palabras. ¡Hazte verbo!
Tu dirección de e-mail no será pública.