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Cor al revés

Esta mañana me he sentado a desayunar en una terraza antes de empezar a trabajar y, cuando ya iba a levantarme, se ha acercado a mí un niño de pelo castaño muy claro, casi rubio, media melena, ojos transparentes. Llevaba una carpeta en la que apoyaba una hoja que yo no veía, a modo de encuestador, y, de hecho, me ha pedido si podía hacerme algunas preguntas. “Es para el cole, estamos haciendo un trabajo para Médicos del Mundo”.

 

No transmitía ni vergüenza, ni impostura, ni tontería, habitaba el mismísimo centro del ser, sin más, ni tampoco menos. La primera pregunta era mi nombre, a continuación, dónde había nacido y, por último, “¿Puedes decirme alguna cosa buena de ti?”. Supongo que he puesto cara de “vaya, me alegro de que hagas esa pregunta a estas horas de la mañana, pero ¿qué respondo?”,  a lo que él ha contestado, «Por ejemplo: Sóc en Roc i els meus cabells són d’or com el meu cor.  («Soy Roc y mis cabellos son de oro, como mi corazón»). Una escena que ni en sueños hubiera podido superar.

 

Entonces le he preguntado si tenía que decir algo tan bonito y, siempre desde su centro, me ha respondido: “Sí, mejor que sea bonito, aunque no hace falta que rime”. Entonces me ha salido decirle: “Sóc la Natàlia i veig la bellesa arreu”. “¿Con b, no?” “Sí”. En castellano viene siendo algo así como “Soy Natalia y veo la belleza alrededor”. Es cierto con matices, claro, no siempre soy capaz de verla, pero cuando estoy en el centro, como Roc, se me manifiesta con facilidad esa especie de omnipresencia poética que tanto agradezco. En días como hoy, sin buscarlo y con nombre de niño. Concretamente Roc. O Cor al revés.

 

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