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El bar del «Yo»

Estoy sentada en un bar que aún no se ha vestido de moderno, es más, si tuviera un equivalente humano podríamos afirmar que va en chándal (aunque de eso sabe más Senil Dion). Tiene máquinas tragaperras y de tabaco, y huele ligeramente a frito. No en vano puedes comerte platos como éste hasta las dos de la mañana.

Sin embargo, nada de esto sería relevante si no fuera porque, en la entrada, cada día alguien escribe una frase que luego comentan los clientes. Había pasado por delante muchas veces y, siempre, antes de llegar a la puerta, me invadía la curiosidad de saber qué habría escrito hoy ese que firma como “Yo”.

En una de las paredes del bar uno puede saber más sobre él, el que escribe desde que abrió el bar. Al que le han dedicado dibujos, fragmentos de periódico y hasta una entrevista, en la que afirma que esa frase diaria, escrita en una pizarra patrocinada, le “permite comunicarse con el barrio, recuperar los pequeños refugios donde se está bien”.

Ésa es su aportación al mundo desde su parcela habitada, un acto para romper el silencio que nos separa.

P.D.: Escribo esto y voy a pagar: no cobran con tarjeta, pero te fían hasta el cajero. Me gusta. Si aquí lo que se establece es un diálogo entre tú y el “yo”, ¿por qué meter a un banco en medio, si no es para sentarse a hablar largo y tendido?

Este post va dedicado:

A Isa, por animarme a escribir con su generosidad, y por las buenas noticias.

2 Comentarios

Isa

23 noviembre , 2011 at 11:21 pm

:) Gracias! Qué honor ser mencionada en tan ilustre blog!!! Espero que sigas haciéndome caso!! ;)

escribirastodoslosdias

27 noviembre , 2011 at 9:19 pm

El honor es de escribiras, por contarte entre sus (millones de) lectores :) Gracias!

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