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El derecho a ser adolescentes

Acabo de ver una serie que me ha hecho conectar con mi realidad adolescente. Es muy difícil no hacer el idiota cuando se es adolescente y, sobre todo, no verlo así desde la distancia de una madurez que juega con ventaja. Acercarme a esas edades de nuevo, ahora como espectadora, me ha ayudado a pasar de la vergüenza de una época a una cierta compasión. Y no está mal el cambio, para aplicar desde ya a los momentos idiotas que nos habitan o habitamos -ahora con una periodicidad más irregular e imprevisible-. Humildad y calma. El derecho a equivocarnos sigue ahí. Porque hay permisos que uno no se concede, pero va a transgredir de todos modos.

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