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Equivalencias cotidianas

A veces cuesta abrir los tarros de miel. No sólo porque alguien haya apretado demasiado, sino porque por cada cuchara que se hunde en la superficie misteriosa de la miel, una minúscula huella pegajosa se adhiere para siempre al camino de rosca. Huella tras huella, el apego es cada vez mayor y más difícil el acceso a la miel, donde “la miel” puede ser sustituida por “el yo”.

A veces cuesta abrir los tarros del yo. No sólo porque alguien haya apretado demasiado, sino porque por cada cuchara que se hunde en la superficie misteriosa del yo, una minúscula huella pegajosa se adhiere para siempre al camino de rosca. Huella tras huella, el apego es cada vez mayor y más difícil el acceso al yo, donde “el yo” puede ser sustituido por “la miel”.

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