Menu

Frágil

Cuando volví al trabajo después de mi baja por maternidad, empecé un diario en el que hacía acopio de estrategias para mantener la frescura contra todo pronóstico: «eso no te dura ni dos días». Hoy le arranco una página para pegarla aquí:

«A punto de cumplirse los 6 meses de mi incorporación al trabajo, el síndrome del lunes toma el cuerpo de un capuccino hecho de cemento. Hay quien me lo anunciaba nada más llegar: el síndrome del lunes y hasta el del domingo volverán, ahora estás muy fresca, te crees impermeable al gris y la opresión de los días remunerados pero caerás de nuevo.

Me niego a resistirme. No he llegado aún ni a los nueve meses que dura un embarazo. Ni al año que estuve disfrutando de una tregua sin relojes. Algo aprendí de todo ello, que se puede ser feliz en los días sencillos, sin necesidad de grandes festivales o motivos impostados de celebración. Se puede ser feliz saliendo a la calle sin prisas. Parándonos a percibir la temperatura que hace, la intensidad del azul del cielo esa mañana, el movimiento de la gente que transita el mundo con otros objetivos, otras caras, otras voces, otros porqués.

Nos faltan hábitos de higiene que nos impidan obviarlo, obviar que vivimos, que nos somos un montón de datos circulando por una red de lejanías, con el fin último de llegar a otra parte, siempre con el sello de urgente marcado en la sien. Cambiemos urgente por frágil, démonos lentitud, en lugar de prisa. Calculemos un mínimo de media hora de margen para entretenernos por el camino entre una cosa y otra. Sí es posible. No insistan en decirme que no. Sí es posible, ese e-mail no va de media hora, hay muy pocas cosas en la vida que vayan de media hora por mucho que intentemos engañarnos».

No hay comentarios

Deja un comentario

Aquí hemos venido a hablar de palabras. ¡Hazte verbo!
Tu dirección de e-mail no será pública.