Menu

La página en blanco

Soy la página en blanco. Ya no. Las primeras letras arrancadas a la inercia tiñen mi vacío.

 

Prefiero cuando no piensas, cuando te derramas en mí en el silencio de la mente cotorra, oyéndola -en todo caso- de fondo. Cuando no dejas que te frene con todas las imágenes que evoca, interrogantes, reproches incluso. Cuando te viertes desnudo de miedos, inocente. Confiando en lo que vendrá, sin ni siquiera ser consciente de ello.

 

Corriendo como loco para sentir el viento entre renglones, enajenado por un impulso que te es propio y no a la vez. Corriendo en busca de verdades, empujada por algo que va más allá de ti, o de la cotorra, al menos. Volviendo, cuando ella te frena, a centrarte en el blanco, entrecerrando los ojos para volver a entrar en ese estado de inconsciencia o fe, tal vez, en que lo que saldrá al llenarme será bueno, por necesario, más allá de cualquier otro juicio.

 

¿Cuánto es una página en blanco? Cuanto necesites vaciar en mí. Infinito fondo, olvidado a veces, ésa soy.

No hay comentarios

Deja un comentario

Aquí hemos venido a hablar de palabras. ¡Hazte verbo!
Tu dirección de e-mail no será pública.