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Las puertas del ser o no ser

Ayer no fui al teatro. A veces las cosas se definen por lo que no son. El camino más rápido para llegar a tiempo a la puerta nos engulló, y lo que a pie son tan solo 10 minutos se convirtieron en 30′ en un taxi. El tiempo se hizo denso como el tráfico y hubo que tomar la decisión de bajarse. Esa decisión a la que no quieres mirar a la cara hasta que es inevitable.

Esto liga con algo que leí ayer mientras no estaba en el teatro: el fragmento de un libro, Muerte y alteridad, que en el fondo hablaba de lo mismo. Al final de la vida hay una puerta a la que a veces no quieres mirar y, sin embargo, hay que abrirla y bajarse.

Explicaba el autor, Byung-Chul Han, que ante esa puerta pueden darse dos escenarios: que el yo “rey” necesite crecer, y expandirse exageradamente, permanecer a toda costa en todas las cosas, o que opte por amar y disolverse en todas las cosas, ser en ellas y atravesar así la puerta con mayor serenidad.

Es sólo un esbozo, sólo un fragmento lo que leí, así que esto no es más que un reflejo de ese destello -lo contrapuesto a una reseña rigurosa- captado al asomarme tras haberme bajado del taxi y abrir la puerta para caminar, pero son dos ideas que debían unirse y se han unido en este texto de una mañana que todavía es un poco noche. 

#holabuenosdias(2)

Aquí podéis leer la sinopsis del libro, por Herder, no la había leído antes de ponerme a escribir pero recoge esa misma idea central. Además de la idea, me ha gustado mucho cómo estaba escrito/traducido (por Alberto Ciria), por si os animáis con el fragmento.

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