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¿Le conozco?

Conozco a un hombre alegre que no conozco. Cuando estoy de suerte me lo encuentro en la mejor chocolatería del mundo, detrás de la barra, en la cocina, entre las mesas. Tiene la energía de una explosión artística. Explosión matizada, conducida, estética. Es muy delgado, de ojos azules y edad indefinida en la horquilla de las canas. Canturrea, declama, saluda con teatralidad a los habituales, sonríe, les da calor, miente piadosamente.

Le conozco pero no le conozco.

El otro día me crucé de pronto con su cara en medio de la calle y, sin haberle ubicado todavía, me sorprendí sonriéndole con una alegría sincera y espontánea, a la que él respondió como un espejo.

Sólo unos pasos después supe quién era.

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