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Nadie me oye

«¿Es que nadie me oye?», dice mientras busca una mirada que la escuche.

«¿Es que nadie me oye?», interrumpe el paso de todos los peatones esperando una respuesta.

Siempre tiene la misma frase en la boca y es fácil cruzársela.

El otro día me la volví a encontrar. Mirándola a los ojos le dije que sí, que la oía, pero que me tenía que ir corriendo a coger el tren. Le enseñé la maleta y me miró con una especie de «bueno, si es eso… te entiendo».

Supo sin duda que la oía, sabe que la oye todo el mundo pero se empeña en recordarnos que tenemos infrautilizada la capacidad de escuchar a cualquiera que se nos cruce por la calle.

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