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Poesía apaisada Posts

Vocación

Vocación

Golpea en tu conciencia esa llamada, la de un teclado encendiéndote por dentro. ¿Qué estaba yo buscando?, te repites. Das vueltas por la estancia pero no recuerdas, sólo presientes: sea lo que fuera, estaba allí.

Enumeración aleatoria de virtudes

foto alpargateria

 

Saber llegar a tiempo,

amar lo conocido,

no cerrar los ojos,

no temer al miedo,

aunar las voluntades,

no buscar sentido,

ceder siempre el asiento,

matar a la pereza,

de hiperacción.

 

Saludar a viejos conocidos

-aunque no te vean-.

Alegrarte de haberles saludado.

 

Recordar algunas cosas:

el pensamiento no es un espagueti,

buscar siempre la sombra

-en caso de ola de calor-,

no decir “naming”, ni “mercadeo”,

cortarle las gomas a los calcetines

-si te aprietan-,

mover ficha,

no mirar tan fijamente los vestidos amarillos

ni las conversaciones ajenas,

cerrar la boca cuando escuchas.

 

Abolir el ambientador de Zara Home

y las condiciones laborales apestosas.

Fijarte en las fachadas restauradas,

preguntarte “¿qué estarán haciendo ahí?”

-en caso de obras-.

 

Anotar algunas frases de los hijos:

me duele el tenedor,

estoy buscando mi casa,

no encuentro una ballena.

El segundo cerebro

De tu puño y letra, balbuceando conceptos aún no digeridos. Sin saber qué saldrá o qué vendrá para quedarse, únicamente palpando la palabra que liberará tu intestino. Ese lugar donde reside tu segundo cerebro, o el primero, residencia de respuestas, al fin. ¿Qué pasaría si no las buscáramos? ¿Si ni tan sólo creáramos la expectativa de su existencia? Sólo respirar, hacer, vivir, pero, ¿hacia dónde? De nuevo la pregunta. Mira el árbol que te aguanta: hacia la luz siempre, eso basta.

Simultáneos

Simultáneos

Se espesan los recuerdos con el olor a madera y el paisaje corriendo a mi lado como para despedirse. Estoy en un tren, lado ventana, y él corre, continuamente, para que no se acabe nunca este momento de mirarnos, para que cada zancada dé consistencia a lo vivido, lo impermeabilice contra la lluvia de los días. Lo que fuimos es también lo que hoy somos, seguimos siendo, seremos. Coexistiendo de forma simultánea el niño de pómulos ardiendo y estas manos cada vez con las venas más marcadas. Y con nosotros, padres y hermanos e hijos, simultáneos también, como los conocimos, como los conocemos, intacto el amor de cada etapa, la alegría, tú volando sobre una silla mientras unos brazos más fuertes que la nada te lanzan arriba y abajo. Pero no sólo es el olor, no sólo el paisaje, son las luces amarillas, el mármol gastado de la cocina de siempre, el ruido de cualquier tortilla antes de serlo: todos naves que nos transportan de uno a otro tiempo. Aferrados a la esperanza de que el reloj de arena tiene fondo y podremos darle la vuelta en cualquier momento.

El margen de error

El margen de error

Ese con el que no contamos, el que nos falta para que todo cuadre. El que permite que no todo esté perdido a pesar de un desencuentro en los tiempos, de un malentendido en las dimensiones. El que nos hace humanos y a pesar de todo capaces de acometer profundos viajes en busca de grandes respuestas a preguntas que nosotros mismos planteamos. La espiral de complejidad se expande o se encoge acorde a la ansiedad que generamos con cada interrogante. La respuesta contribuye a apaciguarla, hasta que aparece ese al que olvidamos hacerle un sitio. Ese al que si aceptáramos rebajaría la presión entre los trazos. Bienvenido seas, margen, a partir de ahora.

Lo que pasa cuando caminas por una ciudad habitada

Calibras el espacio que te separa del miedo, contando en la serenidad de un paso largo, tras otro.

Rebuscas en la mirada de un viejo el poso de lo que no conociste.

Aparecen otros, admiran en la cadencia del niño lo que está por ver.

Sueño

Sueño que no me dejo nada,
que nada se oculta tras telones de acero que no puedo arrastrar.

Sueño que puedo errar en la contraseña,
hasta el infinito,
y volver a probar.

Sueño, vestido para no coger frío,
que me desnudo.

Dictados de naturaleza

Ráfagas de sabiduría. Certezas cayendo, de madurez. Como que esta historia  se escribe de una vez. Que el boli está en la mano. Que la mesa se mueve y caerán gotas que mojen el papel. Pero que tuyo es el estilo, el tono, la palabra. Esta escena. Tuya como el barro al escultor. Como la vida al vivo. Vida que sólo quiere ser, en cualquier parte, manifestación.

Sant Miquel del Fai

Duermen

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Duermen en las estanterías las pesadillas de los niños, debilidades ya de adulto, los trapos sucios del autor.

Duermen letras de lana, frases de espuma para rizar el rizo, sales de baño,
tardes
de introspección postural,
listas para despertar.

Miedo

Al temer, la mujer estrella emitió una luz sorda. Enmudecieron todos. Y el silencio aún no había llegado.