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Por eso

Nunca, desde donde yo recuerdo, me ha gustado la noche. Creo que por eso me aprendí las oraciones que hipnotizaban a mi abuela antes dormir. Por eso soy capaz de dormirme con el sólo roce de la cama perdiendo la conciencia antes de tomarla, la de lo oscuro o la del silencio.

Es el silencio lo que me aterra. El que permite a los miedos crecerse hasta vencer a las fuerzas del día.

Por eso, también, me gusta escribir a esta hora, casi hipnótica, casi inconsciente, haciendo oídos sordos a la ausencia de alientos sonoros.

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