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¿Por qué escribir?

Llevo unos días con el rumor interior de las palabras queriendo salir, invocándome a sentarme a escribir. Mensajes de personas diversas apremiándome a hacerlo sin venir a cuento: “¡los escritores escriben!”. Camisetas incluso, en el escaparate de una escuela de escritura (Laboratori de Lletres) frente a la que aparco la bicicleta al encuentro de una amiga que me ha citado casualmente allí, en las que se pueden leer citas de Kafka como ésta: «El escritor que no escribe es un monstruo que flirtea con la locura».

 

Son las 7 de la mañana y regreso al ordenador tras un primer intento de escritura interrumpido por el llanto de una niña. Duerme de nuevo. El ordenador es la zona de entrenamientos de la escritura confinada. Hay algo incompleto en escribir sin compartir. Escribes para sacar algo que a alguien le podría venir bien. Para poner al servicio del mundo una visión que es compartida en la distancia (eso te dices, para encontrar una razón más allá de tu desahogo, de tu necesidad apremiante de comunicación).

 

Según esa teoría, yo te hablo de las golondrinas que ahora mismo veo desde mi ventana y tú recibes la libertad alada que nos habita a todas (las personas). No es esto lo que quería decir pero no lo descarto, ni siquiera por facilón (lo difícil está sobrevalorado). Quiero decir que en el acto de la escritura hay una voluntad de sacar a la luz algo que es patrimonio de todas, una verdad compartida y, si no la compartes, si ni siquiera lo intentas, te quedas a medias.

 

Escribir es también dejar que las palabras actúen como esas golondrinas que, de pronto, inician una persecución loca, gritan y no paran de correr en el aire, vuelan con urgencia. Desconocemos qué buscan pero ahí están. No sabemos porqué lo hacen, teorizamos sobre si juegan o simplemente vuelan porque está en su naturaleza volar. Son muchas, muchísimas, parece que tuvieran la misión de estrenar el cielo de buena mañana, como quien levanta la persiana de un pequeño comercio. Transitándolo, sólo así existirá para ellas, sólo así podrán dibujar sus contornos.

 

Encuentra tu razón (razón aquí) para escribir. Hazlo y, si descubres algo en el acto de inmersión, compártelo. Escribir también tiene algo de submarinismo y traer el texto a la superficie nos permite a todos ver algo más del fondo (marino o de la existencia).

 

PD: Tan sólo unos días después de este texto, las golondrinas pasaron de ser esos seres que veíamos a lo lejos desde la ventana del patio de manzana, a compartir con ellas la casa en la que anidaron.

PD2: Qué fácil es escribir postdatas con la perspectiva del tiempo.

 

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