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Retrazos

Si la mirada del otro pudiera convertirse en holograma, un paseo entre conocidos, familiares, amigos y desconocidos sería como un paseo por el túnel de los espejos de cualquier parque de atracciones que se precie: más gordos, más altos, más deformes, menos, de lo que en realidad somos. Pero la imposibilidad del retrato perfecto, fidedigno, parte de una imposibilidad anterior y propia, la de escapar a la condición de collage.

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