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Sobre mi padre Posts

Simultáneos

Simultáneos

Se espesan los recuerdos con el olor a madera y el paisaje corriendo a mi lado como para despedirse. Estoy en un tren, lado ventana, y él corre, continuamente, para que no se acabe nunca este momento de mirarnos, para que cada zancada dé consistencia a lo vivido, lo impermeabilice contra la lluvia de los días. Lo que fuimos es también lo que hoy somos, seguimos siendo, seremos. Coexistiendo de forma simultánea el niño de pómulos ardiendo y estas manos cada vez con las venas más marcadas. Y con nosotros, padres y hermanos e hijos, simultáneos también, como los conocimos, como los conocemos, intacto el amor de cada etapa, la alegría, tú volando sobre una silla mientras unos brazos más fuertes que la nada te lanzan arriba y abajo. Pero no sólo es el olor, no sólo el paisaje, son las luces amarillas, el mármol gastado de la cocina de siempre, el ruido de cualquier tortilla antes de serlo: todos naves que nos transportan de uno a otro tiempo. Aferrados a la esperanza de que el reloj de arena tiene fondo y podremos darle la vuelta en cualquier momento.

Sobre cómo conocí a mi padre

Una vez estuviste en el vientre de tu madre y alguien que no era ella te tocó desde fuera intentando sentirte. Esos fueron los primeros contactos con tu padre. Seguro que oías su voz desde allí dentro pero no sabías todavía todo lo que llegaría a contarte, lo que aprenderías de él, lo mucho que te calmarían sus consejos, lo que te reirías con sus ocurrencias, con su absoluta falta de vergüenza innecesaria, lo que llegarías a valorar sus odas a la valentía, a no dejarse paralizar por el miedo, a vivir una vida imaginada con todo el espacio necesario para las alas. No sabías que, cada vez que hicieras una pregunta, correrías el riesgo de obtener una respuesta interminable, pero nunca el silencio, nunca la indiferencia. Ni siquiera podías imaginar todas las cosas buenas que vería en ti, y que te diría, una vez tras otra, sin escatimar en el esfuerzo de hacerte creer una gran persona. Seguro que lo único que te llegó entonces fue el calor de su mano a través de la piel acogedora de tu madre, pero era la única carta de presentación que necesitabas: aquel era tu padre, una mano cálida que te acompañaría desde entonces, sin condiciones, para que nunca tuvieras miedo a crecer.