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Teletrabajo

Dedos helados por inconsciencia corporal. Separados de ella avanzamos en la lista de tareas en un silencio apenas elegido. Estamos solos en la sala de trabajo. En la pantalla, un infinito de encuentros nos esperan. Infinito y también a veces improbable, por inalcanzable, por interminable, por falta de acotación.

Necesitamos acotar para empezar a movernos. Necesitamos salir por momentos de la nube inmensa que rodea a los grandes conceptos, a la abstracción del mundo, para observar cómo surge una col de la tierra. Una col de toda la vida, la que me viene aún a la mente cuando alguien -muchos, buena gente-, en lugar de decir “llamada”, dice “call”. 

 

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